||| Tania Dolores Langarica |||

 

Smiley, Oh Smiley

 

Smile, dice el padre o la parroquia

mientras toma de la cintura

al niño de chaleco café.

 

Niño Smiley,

¿Cómo le hacemos los felices en las fotos?

 

El mecanismo adormila.

Hay más mecanismos

que sueños en el recuerdo.

El mecanismo

estira los labios enseña los dientes

esconde los dientes apelmaza los labios

adormila al portador.

 

El portador se adormila como reflejo

coraza

y entonces

una instantanea.

 

Envíale tus recuerdos a ella

antes de que los niños olviden

quién fue su abuela.

 

Oh, Smiley

tres minas

son saqueadas

en tu cuerpo

y tú sigues trabajando el oro,

lo ofrendas.

 

 

Los reinos

 

I

 

La blancura de mis partes secretas

en exhibición:

tres veces por segundo.

 

Los triángulos

no se quedaron dentro de casa,

nacían

de mi espalda

cuando me ponía el traje de baño.

 

Mi amistad con el pasto

se basó

en la magnitud insuficiente de mi cuerpo,

pero yo seguía cortándolo

hasta que el cielo se transformaba

en sombra atravesada por agua.

 

De haberlo pensado entonces,

si me hubiera fijado en la novedad de mis músculos

o lo aplanado de mi cuerpo

habría sido un monstruo de un metro de alto,

una cacatúa que persigue el placer.

 

 

El verde alrededor,

y yo,

retirada de mi reino,

con sus tropas como gritos

acribillándome.

 

II

 

De chicos

nos dividimos el jardín:

cuatro áreas equitativas

según los frutos de los árboles

y las piedras volcánicas.

 

Si pierdo

es probable que llore;

tendrán que asirme del brazo

prohibirme el contacto con el suelo.

 

Si pierdo,

los limones serán expropiados

por el reino de los triciclos,

el mismo reino aceitoso

que me lleva hasta los adultos

cada vez que no sirvo.

 

 

Las risas resuenan.

No entiendo

por qué si me empujan     no puedo quedarme parada.

No entiendo

el olor agridulce de mi axila

o por qué no tengo equipo.

 

Mi primo ha ganado la partida,

va a buscarme con el premio:

una paleta naranja arriba morada abajo

que deja en mi escondite

para diluirla con el flujo de mis raspadas.

 

 

Para que hoy recuerde:

 

la piel y el lodo                   los brazos flacos

la lotería

o mi cara piedra volcánica;

el reino como pasto cayendo sobre mí.

 

 


Nació en Cuernavaca el 15 de noviembre de 1993.
Estudió letras en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha colaborado en revistas como Des/linde, Errr Magazine y La Ciudad de Frente además de publicar el poemario Químicas Sanguíneas en noviembre del 2016. Le interesa el collage como escritura y lleva la sección de Petirrojos en La Parvada, agenda cultural. Actualmente estudia en la Universidad Autónoma de México la Licenciatura en Filosofía, hace el servicio social en el Instituto Mexicano de Cinematografía e interviene en el desarrollo de la revista Cáñamo y Generación.

 

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