||| Karime Díaz |||

 

Cuando pensamos en la ciudad de la eterna primavera se nos viene a la mente esa imagen de árboles con flores moradas o rosas, las calles del centro de la ciudad llenas de bugambilias y por las tardes ese sonido de los pericos llegando a los árboles para dormir. Las bugambilias por ejemplo, se ha usado incluso en logos institucionales para representar Cuernavaca; sin embargo, muchas de estas especies de plantas, no son ni cerca de ser si quiera Mexicanas.

Lamento mucho romper tu ilusión pero sí, la flor rosa mexicano de la bugambilia, ícono de la ciudad, no es ni cuernavaquence ni morelense ni mexicana sino brasileña. Esta planta fue llamada así en honor al botánico Luis Antoine de Bougainville que la introdujo primero en Europa. Como esta planta, hay muchas otras que son tan cotidianamente comunes entre nuestras bohemias calles y que al imaginarlas nos llevan a momentos específicos de diferentes vivencias en Cuernavaca: las jacarandas que son sudamericanas, el flamboyán que es africano y la famosa primavera que aunque es nativa de México, naturalmente, sin la ayuda del hombre no estaría en Morelos.

Lo anterior por supuesto no implica que tengamos que construir un ilógico muro a las especies de árboles que no son oriundas de nuestra región ni tampoco expulsarlas de nuestro territorio; sin embargo, habrá que tomar en cuenta que nuestras paisanas no se quedan atrás en cuanto a belleza y sin duda son dignas representantes de la biodiversidad en el estado. Un ejemplo de lo anterior, son los cazahuates que son sin duda una de las especies de árboles con flores más hermosas y verdaderamente tlahuicas y así podemos mencionar a muchos árboles que enaltecen la identidad morelense como los clavellinos cuya flor parece pirotecnia o la tan poco conocida pánicua que además tiene propiedades medicinales.

Foto: Wikipedia

Hace rato mencioné que en Cuernavaca por las tardes se llena de periquitos gritones y de hecho, por las mañanas también los podemos escuchar desde varios puntos de la ciudad, de hecho hay unos que son muy abundantes esos verdes con cabeza color gris que son especialmente escandalosos al volar y… ¿qué crees? otra mala noticia, también son de otro lugar, son argentinos. La diferencia entre los árboles “intrusos” y los periquitos es que los árboles son más fáciles de contener pero las aves (y en general los animales), no. Estos animalitos se han convertido en un grave problema a nivel nacional ya que compiten con nuestros pericos nativos y por su gran capacidad de hacer grandes nidos, llegan a quitar ramitas de nuestros árboles. Esto no quiere decir que no haya especies vegetales que se conviertan en un problema, de hecho el lirio acuático lo es.

Foto: Patricia Ramírez Bastida

 

Cuando se introduce una planta o animal que no es nativo de una región se les llama “exóticos” (que no se refiere a si es llamativo o no), la introducción de estos organismos puede provocar graves repercusiones ambientales como desplazamiento de nuestras especies nativas. En el caso de los árboles exóticos en Cuernavaca, hasta ahora, no han provocado mayores daños en las áreas naturales ya que fueron introducidos en zonas urbanas; pero no sería mala idea pensar en empezar a reemplazar estos árboles para darle oportunidad a nuestros nativos además de fomentar la identidad y cercanía por nuestros hermosos árboles morelenses. En el caso de los periquitos, actualmente ya hay investigadores que se encuentran planeando una estrategia para que en la medida de lo posible, de disminuyan las poblaciones para que no se siga perturbando el ciclo natural de las especies nativas ya que a nivel nacional, se ha convertido en una seria amenaza para los ecosistemas.

Finalmente, te invito a que si, en algún momento tú compras un animal, cualquiera que sea y al final decides que es injusto el cautiverio o que ya no quieres tenerlo más, no lo liberes. Dirígete  a las instituciones que pueden ayudarte a encontrar alternativas (SEMARTAT y/o PROFEPA)  y no liberes por liberar porque además pudieras estar infringiendo un delito federal y contribuyes a la alteración de los ciclos naturales que rodean nuestra bella ciudad.

 

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