||| Davo Valdésde la Campa |||

La nave eterna (Acálasletras, 2017) es el libro de cuentos más reciente de Efraím Blanco, escritor morelense que en 2012 fueran ganador del Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola, por su estupendo Dios en un Volkswagen amarillo, que lo colocó como uno de los narradores jóvenes más interesantes de la escena nacional, sobre todo por su predilección por el relato fantástico, breve y aderezado por su muy particular sentido oscuro del humor. Posteriormente publicó en 2014 Esos pequeños monstruos y el 2016 una edición limitada de El protagonista muere al final. La nueva publicación del narrador también significa el regreso de Acálasletras, editorial del también escritor Ricardo Árce, que hace unos años tuvo algunos títulos en circulación, para después ponerse en pausa. Con este enorme compendio de historias fantásticas vuelve al panorama de las editoriales independientes y eligió la primera edición de La Universal, feria del libro independiente para hacerlo

La nave eterna es un libro es un libro que no decepcionará a los lectores de Efraím Blanco y quienes no lo conocen, encontrarán un escritor que ha robado magistralmente seres de diferentes géneros como la ciencia ficción, el folclor mexicano, el cuento fantástico, el horror, para crear un universo muy particular. Es decir, podrán reconocer los seres que lo habitan, pero las situaciones y las anécdotas los sorprenderán por la sutileza de su destreza narrativa, porque todos son relatos que revelan algo de nuestra cotidianidad o de nuestros anhelos.

En el libro encontrarán cuentos que relatan el robo de la luna, una batalla épica entre un escritor contra una hoja en blanco, la historia de un misterioso botón multicolor, de cosas que vienen del cielo, de nuevos dioses en sarcófagos dorados, de monstruos. Todos atravesados por el viaje de una nave que lleva a un destino desconocido a un grupo de humanos, que tampoco se especifica cómo fueron elegidos, pero que viajan con la promesa de encontrar un mejor lugar, un futuro próspero, aunque eso implique dejar algunas cosas amadas atrás y aventurarse a otros parajes del universo, guiados por un grupo de hombrecillos y una entrañable niña que ha redactado una serie de reglas para regular la convivencia.

Siempre me he preguntado qué significa realmente cuando decimos que un autor ha madurado. Si madurar implica ser un mejor narrador, pero conservando candor y encanto, frescura, ternura, sutileza, y un brutal sentido del humor, entonces Efraím Blanco ha madurado en este libro. Sus cuentos son todo menos ingenuos, están plagados de malicia y desencanto por el mundo, así tal cual es, por eso a través de su mirada de narrador es necesario emprender este viaje, en la nave eterna que es la literatura.

La nave eterna se presentó el pasado sábado 29 de julio en el Centro Morelense de las Artes. Participaron el autor, el editor Ricardo Arce y los escritores Roberto Abad y Víctor Manuel Camposeco.

 

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