Por Davo Valdés de la Campa

 

Sería arriesgado asegurar que las barrancas nos definen como cuernavacenses. Aunque es verdad que atraviesan la ciudad de Cuernavaca, pocas personas hoy en día saben cuántas son, dónde están y cómo se llaman. Aquellos que viven en sus lindes las habitan de otra forma, es verdad algunos las utilizan como basureros o vertederos de desechos (estaría bien revisar porque personal de la Univac tira cascajo en la barranca cerca de sus instalaciones, por ejemplo), también es verdad que son zonas que muchos evitamos por los asentamientos humanos clandestinos, por la inseguridad que impera en sus cercanías, porque sabemos que al interior hay picaderos o vagabundos. Por otro lado son como una geografía fantasma que atravesamos todos los días, para muchos son el único sendero para llegar a casa. Esas personas conocen los animales que todavía resisten la urbanización, pueden nombrar los árboles que crecen y los más grandes saben sus nombres, sus historias, los ojos de agua o ríos que fluían otrora.

 

En el libro Cuernavaca, ciudad fragmentada, Concepción Alvarado y María Rita Di Castro exponen la segmentación territorial que se ha privilegiado en Cuernavaca, consecuencia de las urbanizaciones cerradas que privilegian lo privado por lo público, afectando y aprovechándose de las barrancas, como sello de lo “natural y verde”, pero de manera superficial, sin realmente plantear un estilo de vida en comunión con el ecosistema que habitamos. Por eso resulta esperanzador y renovador enterarse de proyectos como Poéticas de la barranca, impulsado por la poeta y editora Marina Ruiz, a través de su sello artesanal Astrolabio.

Poéticas de la barranca es un proyecto inmenso. Por el momento es una semilla que comienza a germinar. Este febrero verá la luz el libro Poéticas de la barranca. Literatura e imagen comunitaria. Publicación que incluye imágenes fotográficas, dibujos y grabados, así como textos de narrativa, poesía, historias de vida, crónicas y memorias; todos producidos por habitantes de las barrancas o vecinos de éstas a través de una convocatoria pública.

Marina Ruiz dice sobre el proyecto “Deseamos que las barrancas sean puntos de encuentro para las personas y sea esta publicación una forma de vincular culturalmente a una Cuernavaca quebrantada; sea un foco de atención sobre nuestra responsabilidad y la importancia de cuidar nuestro entorno; pero principalmente sea esta publicación una forma de descubrirnos a nosotros mismos, habitantes de las barrancas, como creadores de una experiencia que revalora las riquezas de Cuernavaca”.

Las barrancas son cuencas hidrológicas, que le dan a Cuernavaca sus características climáticas y geográficas, influyen en la vialidad y la distribución urbana; en ellas están establecidas viviendas de muchas familias. Pero también es verdad que las barrancas son parte de la poética de la ciudad y del discursos y la práctica política, su distribución y sus características nos invitan a reflexionar sobre la fragmentación territorial, sobre la marginación, la contaminación y la violencia. En resumen creo que reflexionar sobre qué implica vivir cerca de las barrancas me parece fundamental y quizá este libro sea un buen inicio para hacerlo.

El año pasado Marina Ruiz recibió un apoyo importante del Fondo nacional Para la Cultura y las Artes para la realización de este proyecto y para ello desarrolló un proyecto práctico con una justificación política y filosófica.

“Se trata aquí no sólo de un idioma, sino de toda una producción cultural y discursiva que escapa a los modos hegemónicos de producir cultura. Las tres características, desterritorialización, política y valor colectivo que proponen los filósofos Deleuze y Guatari son claves para entender la necesidad de un proyecto como éste, donde se pretende difundir el lenguaje artístico de una minoría y encontrar sus particularidades. Estas poéticas están relacionadas con la desterritorialización en cuanto que la población que habita las laderas de las barrancas vive en sitios de riesgo, del desorden urbano; al mismo tiempo vive en los lugares más hermosos de la ciudad entre mariposas y árboles frutales. Han tenido la necesidad de ocupar las cuencas hidrológicas de Cuernavaca en condiciones desfavorables, de exclusión, debido al desplazamiento de sus pueblos de origen y en muchos casos a la falta de oportunidades. Este proyecto es político porque intenta mirar lo que no ha sido mirado, recuperar una visión de las barrancas desde lo cotidiano, lo invisibilizado. Este arte tiene sus propias características, construidas fuera de categorías canónicas, características que responden a la configuración social de sujetos con ciertas condiciones e historia de vida. Revela las formas de creación y de relaciones que pertenecen a una colectividad. Este proyecto pretende ser un espejo de la creatividad donde se miren los autores.”

Cuando decía que era un proyecto inmenso me refería también a que no sólo se trata de un libro y sus alcances, sino por la transversalidad del enfoque, la voluntad de generar comunidad y de desentrañar una parte de la identidad de los que participan. Por ejemplo la intervención que se llevó a cabo en las barrancas del Chiflón de los Caldos y de San Antón entre noviembre de 2014 y junio de 2015. Esto se realizó específicamente, en la cuarta sección de la colonia Ampliación Chulavista. Marina Ruiz relata: “La intervención se realizó en un espacio público limitado donde se encuentra una pequeña capilla, una banca de cemento, un patio, un ojo de agua, un fogón de leña, una tienda de abarrotes y tendederos; es también, los días entre semana, el espacio de trabajo de don Pedro, de 54 años, quien realiza el oficio de carpintería. También se realiza ahí la misa católica de los jueves en la mañana y ahí mismo imparte don Chuy la catequesis a los niños los sábados por la tarde; es el espacio de las festividades donde preparan y comen los alimentos de estos momentos especiales. Es el espacio comunitario, un patio con recursos al alcance de todos los integrantes de la comunidad, reservado sólo a ellos, ajeno casi para cualquier otra persona.” En la intervención también participó el Coro de la Barranca, integrado por niñas y niños de las barrancas, dirigidos por el maestro Aurelio Rodríguez.

Una de las conclusiones de Di Castro y Alvarado Rosas en Cuernavaca, ciudad fragmentada, es la necesidad urgente de generar espacios públicos, ya que éstos promueven el contacto primordial cara a cara de los habitantes y de esa forma se genera la convivencia, la verbena popular, la recreación, el tejido cultural y la identidad renovada. Creo que este libro es un ejercicio de espacio público, como las barrancas, aparentemente invisible, pero habitado de manera cotidiana. Qué sea este esfuerzo la llamada urgente para la creación de parques en comunión con la barranca.

 

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